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Miércoles, 16 Julio 2014 08:56

Siente un enemigo en su mesa

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¿Se toma personalmente sus fracasos y no disfruta con sus éxitos? ¿Agobiado por soportar todas las responsabilidades sin que nadie se lo agradezca? ¿Se siente poco valorado en su trabajo, por su amigos o en su hogar pese a sus esfuerzos por hacer bien las tareas encomendadas?

No continúe. Usted necesita un enemigo. Así como lo oye. Usted necesita tener un enemigo cerca.

Le presentamos el método garantizado para disfrutar del enemigo que usted necesita y al fin vivir confortablemente infeliz el resto de sus días.

Recuerde sus años infantiles cuando justificaba sus bajas calificaciones escolares con la consabida frase de que “el maestro me tiene manía”. Ahora es el momento de recuperar las buenas costumbres.

Elija a quien desea tener como enemigo favorito. ¿A su jefe, a un compañero de trabajo, vecino o quizás a su pareja?

En sólo cinco pasos usted pasará a ser la diana de la hostilidad del enemigo elegido y depositará la culpa de todos sus males en alguien reconocible y familiar.

  1. Adopte una mentalidad de víctima.
  2. Proclame su superioridad moral.
  3. Fantasee con un mundo ideal sin la existencia de su enemigo.
  4. Hágase un poco más cínico, hombre.
  5. Busque la comprensión y simpatía del resto del mundo.

Adopte una mentalidad de víctima.

Lo primero que debe hacer usted es convencerse de que usted es una víctima. No se preocupe por aquellos que intentan convencerle de que no es para tanto o que imagina cosas. Usted es una víctima.

Libérese de toda responsabilidad por sus actos, usted sufre continuamente los ataques de su enemigo y debe defenderse. Usted no tiene la culpa si su respuesta es desproporcionada. Al fin y al cabo, le han provocado y debe responder.

Como decía Golda Meir: “puedo perdonar que maten a nuestros hijos, lo que no perdono es que nos obliguen a matar a los hijos de nuestros adversarios”.

Cada vez que le suceda algo negativo grite a los cuatro vientos: “todo es por tu culpa (dirigiéndose a su enemigo)” ya verá como su ansiedad se reduce y el aire fresco penetra en sus pulmones.

Proclame su superioridad moral.

Usted es mejor que su enemigo. Punto. Incluso su enemigo no merece ningún respeto ni consideración como ser humano. De hecho, sus rasgos no parecen pertenecer a la raza humana.  Tampoco sus opiniones merecen ser escuchadas ni mucho menos entendidas.

Tenga siempre a mano la frase: “es que no es una persona normal” y comprobará con alivio que nada de lo que escuche de esa persona tendrá sentido y, por lo tanto, no debe prestar ninguna atención a sus palabras.

Fantasee con un mundo ideal sin la existencia de su enemigo.

Su mundo sería mejor sin la presencia de su enemigo. Seguramente, pero entonces no tendría a nadie a quien mostrar hostilidad y culpar de sus fracasos y limitaciones. Mejor contar con ese enemigo que servirá como red de seguridad para no asumir responsabilidades. Pruebe con “si algo sale mal, ya sabemos a quien mirar” y libérese de toda culpa.

Hágase un poco más cínico, hombre.

Todo lo que le pasa a usted es culpa de su enemigo. Todo lo que hace su enemigo desde que se levanta por la mañana hasta que se acuesta por la noche es actuar en contra de sus intereses y causarle daño. Seguro que ahora mismo está maquinando en su contra. Quiere arruinar su vida. Sospeche siempre de sus acciones y permanezca alerta a sus movimientos.

Busque la comprensión y la simpatía del resto del mundo.

Busque las simpatías de los demás, exponga sin reparos las penalidades que usted sufre a diario por culpa de su enemigo. Haga un frente común si su enemigo es poderoso. Y si no se apiadan de usted, si no se alinean con su fatalidad, marque el territorio. “O estás conmigo o estás contra mi” es una frase que siempre hay que tener a mano. Utilícela con asiduidad. A nadie le gusta ser el enemigo.

ContraindicacionesSus niveles emocionales pueden dispararse al seguir este tratamiento. Es muy posible que la desconfianza y el miedo se apoderen de sus acciones y el odio guíe sus pensamientos. Tenga cuidado con la sobreexposición a este tratamiento, pueden aparecer múltiples y nuevos enemigos, incluso con personas próximas que nunca le han mostrado animadversión.

Aceptación de responsabilidadEntiendo que los enemigos que se proporcionan en este tratamiento pueden ser ficticios.

Los enemigos reales existen y pueden convertirse en un gran problema, generando un grandes daños a víctimas reales. Aléjese de ellos si puede o busque la ayuda de un profesional.

El enemigo en la mesa de negociación

Ironías aparte, en una mesa de negociación adoptar una mentalidad de víctima es habitual y, para algunos, útil cuando no se está en disposición o no es el momento de llegar a un acuerdo plenamente satisfactorio. Lo vemos a diario con conflictos enquistados, algunos intratables, de larga duración y solución impredecible donde las partes construyen una imagen de enemigo a su medida.

En estos conflictos, pero también en otros más cercanos y cotidianos, exagerar los perjuicios que reportaría un acercamiento en las posturas, deslegitimizar los argumentos del adversario, sospechar de las intenciones del otro o de un tercero al presentar una propuesta, buscar coaliciones para contrarrestar el poder y, finalmente, culpar al otro por el fracaso en la consecución del resultado, salvando así su propia imagen, son algunas de las tácticas que sostienen los procesos de negociación basados en la idea del enemigo.  

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Ignacio Martínez Mayoral

Editor en The Negotiation Club y facilitador en divergentia::la oportunidad en la diferencia

www.divergentia.es