Lunes, 13 Octubre 2014 10:57

Derecho a la incoherencia

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Hace pocos días, me sorprendí buceando en el océano digital tratando de pescar alguna prueba de incoherencia por parte de ilustres personajes que antaño predicaban la ética empresarial para terminar siendo atrapados en las redes de la corrupción. Al poco de iniciada la inmersión caí en la cuenta de que era un ejercicio inútil.

En aquellos momentos de iluminación buscaba confirmar el dicho popular aquel de “dime de lo que presumes y te diré de lo que careces” con la intención de demostrar que quien con palabras defiende a capa y espada una virtud, a menudo su comportamiento personal le deja en mal lugar.

Pero nadie es coherente al 100%.

Y es que la incoherencia está en la esencia del ser humano y debemos aprender a convivir con ella. Por mucho que tratemos de ignorarlo, vivimos en una disonancia cognitiva constante. En muchas ocasiones, lo que pensamos no se corresponde con lo que sentimos o con lo que hacemos. Podemos sentir total empatía con los pobres del mundo y no hacer nada, por pequeño que sea, para remediar la situación. Podemos simpatizar con quienes se dedican a lo cumplir sus sueños mientras damos la vida por un trabajo que no nos satisface. Criticamos a quien defrauda a Hacienda pero admitimos pequeñas trampas en la factura del fontanero. Expresamos a quien nos quiera escuchar la necesidad de combatir la injusticia al tiempo que condenamos a quien se atreve a alzar la voz. Podríamos encontrar mil ejemplos de la falta de correspondencia entre nuestras acciones, nuestras emociones y nuestros razonamientos.

Y aunque quisiéramos vivir en un estado de tranquilidad absoluta no es posible. Estamos condenados a vivir en la insatisfacción y en la incomodidad.

Lo que no es necesariamente algo malo. Así, en multitud de ocasiones utilizamos la incoherencia de los demás en nuestro propio beneficio. Un ejemplo clásico es emplear el principio de consistencia como herramienta de persuasión provocando un cambio de actitud al mostrar la necesidad de consistencia entre lo que se dice y lo que se hace. Usted quiere ahorrar en su factura de teléfono; entonces tiene que escuchar lo que le voy a proponer. Usted está en contra del hambre en el mundo; entonces tiene que hacerse socio de mi ong. Usted quiere que se construyan más hospitales; entonces tiene que pagar impuestos.

Y no son pocas las disciplinas que persiguen el objetivo de desenmascarar incoherencias. Periodistas que iluminan pozos para mostrar verdades escondidas, psicólogos que diseñan túneles para escapar de fantasmas internos, coaches que ayudan a descubrir caminos hacia el pleno desarrollo personal o mediadores que construyen puentes que faciliten el encuentro entre quienes se encuentran aprisionados por el conflicto. 

Todas estas profesiones utilizan una poderosa herramienta para lograr sus fines: la pregunta. Una herramienta que trata de provocar incomodidad para desvelar la incoherencia que todos llevamos dentro y empezar a poner remedio.

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Ignacio Martínez Mayoral

Editor en The Negotiation Club y facilitador en divergentia::la oportunidad en la diferencia

www.divergentia.es

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